Hay una heroína en cada mujer

“No dejaremos de explorar
y al final de nuestra búsqueda
llegaremos a donde empezamos
y conoceremos por primera vez el lugar”
                                                          T.S. Eliot

Siempre digo que cuando optas por la vida emprendedora, hay que preparar unas cuantas cosas para el viaje. Una de ellas tiene que ver con “construirse un bastión” antes de lanzarse a la aventura: un refugio, un apoyo, un lugar que te defienda , sobretodo, de ti misma. Un espacio al que acudir cuando haya que tomar decisiones importantes, cuando necesites aislarte de la presión en momentos difíciles o cuando quieras recuperar parte de ti y volver a alinearte contigo misma. En definitiva, un punto y aparte en la vorágine cotidiana donde poner los contadores a cero, repostar y seguir adelante completamente renovada.

Seguro que lo tienes: puede ser un libro, una canción, tu familia, esas conversaciones con tu mejor amiga,  un lugar que te inspira …, mi bastión son los fragmentos subrayados de los libros que han marcado mi existencia, los cuadernos en los que llevo escribiéndome desde hace más de veinte años (y que reviso cuidadosamente para encontrarme) y por supuesto, mi familia. Todo junto, todo al mismo tiempo y desde el aislamiento, sin darle una sola oportunidad a cualquier interrupción.

Volví un ratito a mi personal bastión estos últimos días. A preparar el otoño, que es mi época favorita del año. En medio del proceso mi móvil se suicidó y murió, lo que interpreté como una señal clarísima de que desde luego había elegido perfectamente bien el momento para volver a mi refugio. Caminé hasta el origen de muchas cosas y encontré respuestas a cuestiones que ni siquiera había tenido tiempo de plantearme: la prisa mata. Y entonces me topé con este pasaje de “Las diosas de cada mujer” de Jean Shinoda Bolen y chicas, me apeteció compartirlo con vosotras. Por si puede convertirse en un pequeña piedrita de vuestro propio bastión: hay una heroína en cada mujer.

“Existe una heroína potencial en cada mujer. Ésta es la dama principal de su propia historia en un viaje que empieza con su nacimiento y continúa a lo largo de su vida (…). La heroína toma forma a través de sus decisiones, de su capacidad para la fe y el amor, y de su aptitud para aprender de la experiencia y comprometerse. Cuando surgen dificultades, si considera lo que puede hacer, decide lo que hará y se comporta conforme a sus valores y sentimientos, está actuando como la protagonista-heroína de su propio mito. Aunque la vida esté llena de circunstancias no elegidas, siempre existen momentos de decisión, puntos nodulares que deciden los acontecimientos o modifican el carácter. Para ser una heroína en su propio viaje, una mujer debe empezar con la actitud de que cada cosa que elije tiene importancia (…). En el proceso de vivir a partir de esta premisa, algo sucede: una mujer se convierte en una persona que toma decisiones, una heroína que moldea lo que llegará a ser. O bien crece, o bien es disminuida por lo que hace o no hace y por las actitudes que mantiene (…). Una heroína es alguien que ama y que aprende a amar. Es alguien que viaja con otra u otras personas, o que intenta unirse o juntarse con alguien para continuar su búsqueda (…). La mujer no heroína, por el contrario, se acomoda a la decisión de cualquier otra persona.”

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